Hay historias que no se buscan, sino que aparecen. Historias que brotan como una semilla en mitad de la vida cotidiana y, sin darte cuenta, empiezan a crecer dentro de ti.
Así nació Acerina, la niña del volcán. No como un proyecto literario planeado, sino como una necesidad de contar algo que me tocaba de cerca: la fuerza de las personas cuando la tierra tiembla bajo sus pies.
Mi nombre es Pepe Roldán, y aunque mi trayectoria profesional siempre ha estado ligada al mundo de la atención al cliente y el turismo, escribir ha sido para mí una forma de entender lo que siento y lo que observo. Durante años he trabajado cerca del Teide, escuchando las historias que la montaña guarda en silencio. Esa cercanía con la naturaleza, con su poder y su belleza, me inspiró a crear este cuento. Acerina, la niña del volcán es un homenaje a la gente que vive bajo la sombra de un gigante, y que aun así, mira al cielo cada mañana con esperanza.
El libro cuenta la historia de Acerina, una niña que vive en un pequeño pueblo al pie de un volcán. Su vida es sencilla y feliz hasta que un día la montaña despierta. A través de sus ojos, el lector vive la confusión, el miedo y la incertidumbre que provoca una erupción, pero también descubre algo mucho más grande: la capacidad humana de reconstruir, de unirse y de no perder la esperanza.
Aunque el relato es ficticio, está inspirado en lo que muchas familias han vivido en distintos lugares del mundo, y en especial en las Islas Canarias. Todos recordamos la erupción de La Palma y la manera en que transformó vidas enteras. Viendo esas imágenes, comprendí que detrás de cada volcán hay mucho más que fuego y ceniza. Personas. Hay recuerdos. Hay lazos que se ponen a prueba, pero que a menudo se vuelven más fuertes.
Acerina, la niña del volcán no es un cuento triste. Es una historia de esperanza. Habla de la infancia como ese lugar donde la vida sigue, incluso cuando el mundo cambia alrededor. Acerina representa la inocencia que no se rinde, la mirada limpia que encuentra luz donde otros solo ven oscuridad. Su historia es también la de su familia, sus amigos y su pueblo, que aprende que lo verdaderamente importante no se derrumba.
Escribir este libro fue un viaje personal. No buscaba crear un cuento infantil convencional, sino algo que pudiese llegar tanto a niños como a adultos. Quería un relato que sirviera para hablar con los más pequeños sobre la pérdida, la solidaridad y la reconstrucción. Pero también para recordar a los mayores que la esperanza no se extingue, aunque todo parezca perdido.
La estructura del libro sigue un hilo narrativo sencillo, dividido en capítulos cortos que acompañan el proceso de cambio: la vida antes del volcán, el despertar, el miedo, la evacuación, el silencio y finalmente la reconstrucción. Cada parte refleja una etapa emocional distinta. La mirada de Acerina da sentido a todo. Ella no entiende la magnitud del desastre, pero sí siente lo esencial: el amor de su familia, la ayuda de sus vecinos y la necesidad de cuidar lo que queda en pie.
Hay una frase en el libro que resume su espíritu:
“Cuando la tierra tiembla, lo que mantiene en pie a las personas no son las paredes, sino los lazos que las unen.”
Esa idea fue el corazón del proyecto. No quise centrarme en la destrucción, sino en la fuerza invisible que sostiene a una comunidad cuando parece que todo se viene abajo.
La escritura del cuento coincidió con una etapa en la que buscaba reconectar con lo esencial. Vivimos rodeados de ruido, de pantallas, de urgencias. A veces olvidamos que la naturaleza tiene su propio lenguaje y que seguimos formando parte de ella. Los volcanes nos lo recuerdan con crudeza. Nos muestran que nada es permanente, pero también que siempre hay posibilidad de renacer.
La historia de Acerina me permitió unir dos partes de mi vida: mi experiencia en el mundo del turismo, donde cada día hablo con personas que vienen a conocer la fuerza del Teide, y mi pasión por la escritura, que me permite explorar el lado humano de esas realidades. De algún modo, este cuento es un puente entre ambos mundos: el paisaje y la emoción, la tierra y la palabra.
La ilustración de la portada refleja ese espíritu. No es solo una imagen bonita, sino una metáfora visual: una niña frente al volcán, con una mirada serena y llena de vida. El fuego no es enemigo, sino parte del entorno que la rodea. Representa el poder de la naturaleza, pero también el calor humano que mantiene viva a una comunidad.
Acerina, la niña del volcán es un libro pensado para leerse en familia. Está escrito con un lenguaje cercano, fácil de entender, pero con una profundidad emocional que permite diferentes lecturas según la edad. Los niños se identifican con la protagonista y su curiosidad, mientras que los adultos reconocen en sus páginas las emociones que acompañan a la pérdida y la esperanza.
Además, el cuento incluye una moraleja final que refuerza su mensaje central:
“El volcán destruyó su casa, pero también reveló la fortaleza de su comunidad. Porque los verdaderos cimientos no están en el suelo, sino en el corazón de quienes se niegan a rendirse.”
Este libro no busca dar lecciones, sino abrir conversación. Quiero que los lectores puedan hablar con sus hijos sobre lo que sienten, sobre cómo enfrentan los cambios, sobre la importancia de ayudarse y mantenerse unidos. Si después de leerlo alguien se detiene a pensar en lo afortunado que es por tener a su gente cerca, ya habrá cumplido su propósito.
Publicar Acerina, la niña del volcán ha sido también una forma de compartir una parte de mí. Durante años he escrito poesía, artículos y reflexiones en mi blog, pero este cuento marca un paso más. Es mi primer libro infantil y también una declaración de intenciones: escribir desde la verdad, desde lo que toca el alma y lo que conecta con los demás.
En mi web peperoldan.com hablo de comunicación, turismo y vida, pero también de emociones y creatividad. Creo que todo está conectado. La misma empatía que se necesita para atender a un cliente es la que se necesita para escribir una historia que conmueva. Las palabras, bien usadas, pueden construir puentes entre personas, y eso es precisamente lo que busco con cada proyecto.
Si este cuento llega a las manos de un niño que pregunta por qué la tierra tiembla, o a las de un adulto que necesita recordar que siempre hay esperanza, entonces Acerina habrá cumplido su destino. Porque no hay mejor recompensa para un autor que ver cómo su historia deja huella en la memoria de alguien.
Quizá los volcanes nunca dejen de recordarnos que somos pequeños frente a la naturaleza, pero también que somos grandes cuando actuamos juntos. Y en ese equilibrio, entre la fuerza del fuego y la ternura humana, nació Acerina.
Dónde conseguir el libro
Acerina, la niña del volcán ( ASIN: B0FY7XFSSF) está disponible sólo en formato digital a través de Amazon KDP.

