Fundamentos de una cámara digital

PorPepe Roldán

28 de agosto de 2020
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Fundamentos de una cámara digital

Comprar tu primera cámara digital puede resultar abrumador: fichas técnicas llenas de cifras, siglas y promesas de «calidad profesional» que poco dicen si no sabes interpretarlas. Este artículo repasa los conceptos clave para que entiendas qué estás comprando y evites pagar de más por características que no vas a usar.

Megapíxeles

Los megapíxeles indican cuántos puntos de información captura el sensor en cada foto. Una cámara de 16 megapíxeles genera imágenes de unos 16 millones de píxeles; una de 8 megapíxeles, de unos 8 millones. A más píxeles, más detalle y más margen para hacer ampliaciones o recortes sin perder nitidez.

Dicho esto, a partir de cierto punto —hoy en día unos 20-24 megapíxeles— el salto de calidad deja de notarse para el uso habitual, y otros factores (el tamaño del sensor, la óptica, el procesado) pesan más que la cifra bruta de megapíxeles. Si solo vas a compartir tus fotos en redes o imprimirlas en tamaños normales, no necesitas perseguir el número más alto del mercado.

Lo que sí conviene tener en cuenta es que a mayor resolución, mayor tamaño de archivo: una foto de 16 megapíxeles ocupa aproximadamente el doble que una de 8. Si disparas mucho, asegúrate de llevar tarjetas de memoria con capacidad suficiente o alguna de repuesto.

Zoom óptico vs. zoom digital

Al comprar una cámara vas a encontrarte con dos tipos de zoom, y solo uno de ellos importa de verdad.

El zoom óptico acerca la imagen moviendo físicamente las lentes, sin perder calidad. El zoom digital, en cambio, simplemente recorta y amplía digitalmente una parte de la imagen —algo que puedes replicar después con cualquier editor de fotos— y a costa de perder resolución y nitidez.

Cuando una cámara anuncia un «zoom total» muy alto, normalmente está sumando el zoom óptico y el digital para inflar la cifra. Fíjate solo en el dato de zoom óptico: es el que refleja la capacidad real del objetivo.

Apertura del diafragma

La apertura regula cuánta luz entra en la cámara al disparar, de forma parecida a como el iris regula la luz que entra en el ojo. Se expresa en números f (f/1.8, f/4, etc.): cuanto más bajo es el número, más abierto está el diafragma y más luz entra.

Una apertura amplia (número f bajo) te permite disparar con buena calidad en condiciones de poca luz —interiores, días nublados, atardeceres— sin depender del flash. Esto tiene ventajas más allá de la exposición: evita el efecto de «ojos rojos» y da un resultado más natural que la luz artificial del flash, que rara vez favorece a la escena.

Velocidad de obturación

La velocidad de obturación determina cuánto tiempo permanece expuesto el sensor a la luz, y es una de las herramientas más creativas de la fotografía. Cuanto más amplio sea el rango de velocidades que ofrece una cámara, más posibilidades tendrás de jugar con el movimiento en tus imágenes.

Con una velocidad rápida «congelas» el movimiento: útil para deportes, animales o cualquier objeto que se desplace deprisa. Con una velocidad lenta, en cambio, el sensor capta el desplazamiento del objeto durante más tiempo, produciendo ese efecto de desenfoque de movimiento tan característico en el agua de una cascada o un río.

Llevado al extremo, con velocidades de obturación muy lentas y algo de luz nocturna puedes capturar esas fotos de tráfico donde los faros de los coches se convierten en estelas continuas de luz.

Tarjetas de almacenamiento

Antes de comprar una cámara, comprueba qué tipo de tarjeta de memoria utiliza. Hoy en día la inmensa mayoría trabaja con tarjetas SD, microSD o, en gama alta, CFexpress; formatos antiguos como Compact Flash o Smart Media prácticamente han desaparecido del mercado de consumo. Si tienes dudas, la ficha técnica de la cámara o la tienda donde la compres te lo confirmarán con la marca y el modelo en la mano.

En cuanto a capacidad, compra la tarjeta más grande que tu presupuesto te permita: más espacio significa disparar más tiempo sin tener que borrar fotos ni cambiar de tarjeta. Y ten siempre una de repuesto: cuando se te acaba el espacio en pleno viaje o evento, poder cambiar de tarjeta en segundos vale mucho más que ahorrarte unos euros.

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